Afán de Plan es una agenda/blog del panorama cultural valenciano, con un tono fresco, divertido, inteligente y nada manido (gracias) que me ha incluido en una de sus secciones, #Autodefinides, cuyo el propósito es visibilizar trabajo y nombres de mujeres vinculadas con la cultura valenciana. La propuesta tiene su punto: desde que se inicia, la artista precedente hace tres preguntas a la siguiente, a modo de cadena, de manera que la entrevista nunca la realiza la misma persona. Además, cuenta con un pequeño relato, escrito por la mujer en cuestión, a modo biográfico y nada academicista (según solicitan explícitamente) sobre su trayectoria artística.

A mí siempre me cuesta mucho contarme, creo que porque estoy demasiado cerca, además de que conmigo muchas veces no me comunico a través de palabras, aun así este tipo de retos me parecen de lo más estimulante, me hacen reflexionarme y traducirme en forma de texto, que no es mi manera habitual de pensar.

Os dejo aquí la entrada. Hablo básicamente del juego incesante, de la mirada amplia y del tesoro pequeño. Hablo de la belleza que nos rodea. Y después respondo a tres preguntas difíciles que me propuso María Cárdenas, una crack que ahora está nominada a un Premio Max a mejor autoría revelación por su texto teatral “Síndrhomo”. Un lujo.

>> LINK: http://afandeplan.com/patossa-autodefinides/ <<

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La entrada, en castellano

PATOSSA: EL ARTE DE LOS PEQUEÑOS TESOROS

Mi pseudónimo es Patossa. En mi pueblo -Foios- soy la hija pequeña de Barrachina, el pintor. Nos mudamos allí cuando yo tenía 11 años. Recuerdo aquel traslado como algo traumático del todo, y, a pesar de que sólo tres estaciones de metro (el trenet, entonces) me separaban de mi adorado grupo de la escuela de Massamagrell, ya me convertí en una desarraigada. Fue entonces cuando me hice mayor, me bajó la regla y todo se complicó sobremanera. Yo no quería, pero sucedió.
Me llamo Patossa porque creo que el error forma parte intrínseca de mi proceso re-creativo. Lo que más me gusta es mirar e imaginar a partir de las cosas que veo.Soy multidisciplinar, que básicamente significa que voy traduciendo esas cosas que veo a través de diferentes disciplinas y técnicas artísticas.

Si quisiera, os explicaría que estudié Bellas Artes y Arte Dramático, que trabajé como actriz durante varios años, que hice un clip en stop motion con el iPhone sin tener ni idea de hacer animación y que, al poco tiempo, me mudé de Valencia a Barcelona, donde estoy haciendo no-sé-cuantísimas cosas más con cerámica, recortes de papeles, photoshop, pinturas y tintas para libros, revistas y otros proyectos, pero no, no os contaré todo esto. No.

A mí me estimula pensar en la belleza, sentirla. Lo que me hace ser como soy es el amor sencillo a las cosas aparentemente intrascendentes. Últimamente me ha dado por mirar los objetos olvidados, caídos, lanzados, cuando camino por la calle. Me fascina el mundo de los trastos vividos, despreciados tal vez, todo el potencial que contienen y que yo, con ojos miopes, veo con claridad. Entonces los recojo amablemente, los guardo en mi bandolera y continuo mi camino, afortunada de mí. Al llegar a casa a menudo olvido los hallazgos y continúan un par de días o más acompañándome dentro de la bolsa, escuchando mi vida, espiándome desde dentro. Me conmueve mirar los árboles (también los de la ciudad), la hierba que estalla desde la tierra o que aprovecha una grieta del asfalto para salir victoriosa hacia arriba, las hormigas que pasan ajenas haciendo su camino… Ya de pequeña lo hacía de manera instintiva, pero, con el tiempo, perdí aquel delicioso placer: el de la contemplación ancha y el tesoro pequeño.

Después, en el estudio, con música de fondo, me pongo a danzar con esos elementos, a traducir mediante mis manos la vida que veo en otras formas. Jugar con todo esto y jugarme, muy en serio y con una sonrisa, como cuando era pequeña. Al final, eso es lo que hace que sea lo que siempre he sido, que siga adelante, evolucionándome, inventándome, gastándome y nutriéndome con avidez y cierto reposo: contemplar la misma vida que me contiene y que es motor de mis manifestaciones artísticas.

Ahora son las “basurillas”, luego no lo sé. Es emocionante no saberlo todavía.

El resto es curriculum.

 


María Cárdenas pregunta…

En un artista interdisciplinar, ¿dónde termina la vocación y comienza la necesidad?

Bajo mi punto de vista, la necesidad es donde empieza todo. Si después quieres generarte una carrera profesional a partir de esto, es cuando surge la vocación. Diría que la vocación llega después de la necesidad. Posteriormente vendría la apuesta por esta carrera y la consiguiente dedicación, pero ésta es otra historia mucho más dura.

En mi caso, lo que yo necesito es vaciar. No hay nada más sabroso, más armónico y pacífico que la nada. Entonces es cuando puedo volver a llenarme y vaciarme de nuevo, y así hasta el infinito. Como una especie de respiración espiritual.

De todos los palos que tocas, ¿te identificas más con alguno en especial?

No. Todos los palos, en el fondo, son un medio. Evidentemente domino mejor unas técnicas que otras, pero, al fin y al cabo, básicamente lo que hago es traducir lo que percibo a través de las cosas que tengo a mi alcance. Elementos e instrumentos con que juego y mediante los que visibilizo una belleza que he captado, una forma, un concepto o lo que sea. Me da igual que sea barro, pintura, ilustración digital, un lápiz, unos recortes de papel o una grabación en vídeo. Me gusta jugar, descubrir para descubrirme descubriendo (el famoso flow). Tengo mucha curiosidad por la belleza sencilla de las cosas y una mirada amplia, lo cual es maravilloso, porque disfruto mucho con un simple paseo por la ciudad, por ejemplo. En este sentido me siento muy afortunada.

¿Dónde está el límite del humor gráfico?

En las mentes humanas. Quitando las fronteras naturales, todos los límites están en nuestras cabezas, a la cultura que chupamos desde pequeños hasta que morimos. Es muy difícil no juzgar y no condenar en esta sociedad masificada y rápida que nos vive. El humor es un recurso espléndido y poderoso que los humanos hemos descubierto entre nuestras neuronas, cualquier límite relacionado con esto también es, por tanto, puramente humano. No es posible el humor, como tampoco el amor, sin libertad.

Luego, por supuesto, está el límite impuesto desde fuera por instituciones públicas, políticas, religiosas o económicamente poderosas que se dedican a podar cómo si fuéramos plantitas de sus preciosísimos jardines. Estos existen y son escandalosamente peligrosos, pues son los que nos “diseñan” la cultura, los que nos crean cubículos de libertad a 9,95 €.

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